Un grito contenido hace siete años explotó la noche de este jueves tras el empate obtenido por The Strongest en la Capital. El 1-1 frente a Universitario le permitió a los aurinegros festejar el título del certamen Clausura y con ello mostró que la garra, el trabajo colectivo y la serenidad fueron sus mejores virtudes en el último tramo del torneo.
El gol de Pablo Escobar a los 4 minutos del primer tiempo fue la mejor inversión para el equipo paceño que luego marcó dos líneas defensivas que fueron frenando cada uno de los ataques del equipo capitalino.
El portero Vaca se mostró sobrio en el juego aéreo, mientras Ojeda fue el bastión en la última línea, el resto fue un trabajo complementario ordenado para frenar el ímpetu desordenado de Universitario.
En el segundo tiempo se acrecentaron los errores del local y The Strongest aprovechó aquella situación para buscar el segundo tanto. Fue más aplicado en el terreno y el árbitro Juan Elio García, de pobre actuación dejó de cobrar tres claros penales, indubitables, evidentes que el más acérrimo hincha capitalino admitió, pero había que pasar esa prueba.
Caminaba tranquilo el Tigre con un Chumacero agrandado una vez más, imponiendo garra en el medio cuando a dos minutos del final llegó el empate de López tras un tiro de esquina. Pero era demasiado tarde, porque los atigrados enfriaron el partido y cantaron victoria al final.
El Tigre es campeón porque afinó la máquina en el último tramo de este certamen. Sacó a Bolívar del certamen con una goleada; volteó un partido que lo tenía perdido frente a Oriente en el estadio Siles y ante Universitario mostró un trabajo ordenado.
Es campeón porque a la hora de sacar las garras ningún equipo pudo contener su zarpazo. Es campeón porque el Tigre nació para cantar desde el Illimani. Es campeón porque cuando el Tigre juega, hasta su hinchada muestra las garras del indomable que está para grandes cosas.
Erbol

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