El sargento de Policía Rolando Huarachi agonizó tres horas tras ser vejado, por lo que hubiera salvado la vida si vecinos de Ventilla I lo hubieran entregado a sus familiares cuando llegaron al lugar y negociaron por tres horas su libertad. Cuatro sospechosos del hecho fueron enviados a la cárcel.

“Somos inocentes”, sostuvo ayer uno de los acusados poco después de la audiencia de medidas cautelares en la que sólo estuvieron familiares de las partes. El fiscal Édgar Alarcón afirmó que continuará la pesquisa para dar con todos los vinculados con el linchamiento del uniformado, que fue confundido —según se informó— con un delincuente.

Huarachi, según el jefe de la División Homicidios de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (FELCC) de El Alto, mayor Oswaldo Fuentes, llegó en estado de ebriedad a Ventilla I cerca de la 01.25 del viernes. Empujó la puerta de la unidad educativa del mismo nombre y el portero alertó a los vecinos, quienes lo detuvieron, lo amarraron a un poste y lo golpearon.

A las 02.00, familiares de Huarachi recibieron una llamada —según los acusados— de la presidenta de la zona, de quien no se develó el nombre. La voz del otro lado de la línea exigía que se constituyan en el lugar para demostrar que el detenido era policía y no un delincuente, relató la parte acusadora en la audiencia.

Demetrio y Roselyn, padre y hermana de la víctima, llegaron a las 03.00 a Ventilla I. Roselyn relató el sábado que no les permitieron contacto con su hermano, aunque pudo verlo a lo lejos amarrado a un poste. Después de tres horas de negociación con los vecinos, a las 06.00 se les entregó al detenido, pero poco después se confirmó que estaba sin vida. El cuerpo fue desatado del poste y llevado a la sede social.

“Se estima que agonizó durante tres horas”, por lo que si los vecinos lo entregaban a sus familiares inmediatamente cuando llegaron a la zona, Huarachi hubiera salvado la vida, afirmó el fiscal, aunque señaló que este dato se establecerá con precisión durante las investigaciones.

El abogado de los imputados, Ramiro Nina, respondió que los hechos empezaron a las 03.00 y no a la 01.25, como arguye la Fiscalía. También afirmó que el policía no solamente empujó la puerta de la unidad educativa, “sino que trepó por la pared del colegio y pidió que se permita entrar a otras cuatro personas”.

El portero Eduardo M. y las dirigentas vecinales Margarita M., Constancia M. y Elizabeth H. fueron enviados a la cárcel porque el juez Daniel Espiner ve riesgo de fuga, además de algún nivel de influencia que puedan ejercer sobre el resto de posibles implicados y la obstaculización de la justicia si se encuentran en libertad.

Nina admitió que sus clientes estaban en el lugar de los hechos, pero que fueron rebasados por la turba. El fiscal respondió que de haberse dado esta situación, debieron haber llamado, inmediatamente, a la Policía.

En la audiencia de ayer sólo estuvieron presentes familiares de las partes. La tía de la víctima, quien evitó dar su nombre, demandó esclarecer la muerte de su sobrino.

Autoridades en el sepelio

Luto

Los restos del policía Rolando Huarachi fueron enterrados el domingo en el Cementerio General. El viceministro de Gobierno, Jorge Pérez, y el comandante interino de la Policía, Víctor Maldonado, participaron del sepelio.

Cardenal Terrazas condenó el asesinato

El cardenal Julio Terrazas condenó ayer en su homilía dominical el linchamiento del sargento Rolando Huarachi en Ventilla I, de El Alto. Además cuestionó a las autoridades nacionales por la proliferación de pandillas en el país.

Terrazas sostuvo que estas realidades provocan temor. “Es lo que pasa cuando se lincha a una persona, volvemos a sentir esto como si fuera un valor de alguna comunidad el tomar la justicia por sus manos, quitar la vida al otro y peor aún si después dicen que fue por una equivocación”, reflexionó, según reportó ANF. Vecinos de Ventilla I confundieron al uniformado con un delincuente y lo lincharon la madrugada del viernes. Las investigaciones iniciales refieren que agonizó al menos tres horas, tras haber sido golpeado por la turba.

El Cardenal también criticó el crecimiento del número de pandillas. “Nos duele que se multipliquen las pandillas, es un fenómeno que hace tiempo ya tendría que haber sido respondido con claridad por quienes tienen la responsabilidad con la sociedad... En esos grupos hay menores de edad, hay niñas de 11 y 12 años de edad".
La Razón

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